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Historias de alta mar

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Cuando se estrenó "Piratas del Caribe: la maldición del Perla Negra" hace 15 años, el cine de aventuras ambientadas en escenarios marítimos no gozaba de buena salud. Lejos de los éxitos clásicos de las décadas del 30' y 40' – que nuestros abuelos disfrutaban en interminables matinées y en la pantalla chica gracias a los "Sábados de Súper Acción" – las últimas incursiones en el género habían resultado enormes fracasos. Debido a esto el furor de la saga protagonizada por Johnny Depp tomó por sorpresa a la desconfiada industria.

Las millonarias pérdidas ocasionadas por "Piratas" (1986) de Roman Polanski y "Cutthroat Island" (1995) de Renny Harlin, películas que no llegaron a recuperar ni la mitad de su presupuesto, hicieron que durante varios años los grandes estudios esquivaran las historias de navegantes y corsarios como si fueran veneno. Incluso los realizadores no querían hacer del océano un lugar de trabajo debido a las malas experiencias pasadas. Cuando a principio de los 90' Kevin Reynolds quería dirigir "Waterworld", aquel megalómano proyecto futurista protagonizado por Kevin Costner, decidió pedirle consejo a Steven Spielberg sobre las implicancias de rodar en escenarios acuáticos. La respuesta del director de "Tiburón" fue categórica: "Nunca más volveré a filmar otra vez en el agua".

A pesar que muchos sostienen que la franquicia centrada en las peripecias de Jack Sparrow ya dio todo lo que tiene para dar, el estreno de "Piratas del Caribe: La venganza de Salazar" es una buena excusa para recordar algunas historias de ambientación marítima. Una lista de films muy distintos entre sí, ideales para navegar los siete mares sin sufrir mareo alguno.

Moby Dick (1957): La concepción y realización de esta adaptación de la célebre novela de Herman Melville constituye una odisea digna de tener su propia película. Algo así pensó el joven Ray Bradbury, convocado por el director John Huston para escribir el guión, que luego de llevar una relación tormentosa con el director decidió contar la historia en su libro "Sombras Verdes, ballenas blancas". El caos se reflejó también en el rodaje, que duplicó el presupuesto original y se complicó porque la ballena de goma de 75 metros construida para la ocasión se perdió en el medio del océano neblinoso (solo se recuperaron algunos fragmentos). Debido a esto la mayoría de las escenas en las que aparece el animal fueron resueltas mediante maquetas, con la cabeza gigante como único artificio de tamaño natural. El esfuerzo valió la pena y la película aún se sostiene como una entretenida historia de aventuras, logrando además introducir el tema central del libro: la obsesión de un hombre que confunde la venganza con la redención.

Motín a bordo (1962): Extraña obsesión la del cine con la historia del motín del Bounty. Ocurrido en 1789, la tripulación de dicha nave tomó su control expulsando al capitán y unos pocos seguidores en un pequeño bote a los mares del Pacífico Sur. Al periplo del barco amotinado y del resentido capitán por encontrar tierras seguras le siguió un complejo proceso judicial que sentó jurisprudencia en Inglaterra. La historia ha sido llevada a la gran pantalla numerosas veces, incluida una con Mel Gibson y Anthony Hopkins en 1984. Sin embargo esta versión, que no funcionó en el momento de su estreno, es la más realista a la hora de narrar el hecho. Con un Marlon Brando más omnipotente que nunca (dentro y fuera de la pantalla) como el teniente rebelde Fletcher Christian y Trevor Howard como el malvado capitán, el film deslumbra gracias a la notable reconstrucción de época y a las bellas locaciones de Tahití. Luego del rodaje Brando exhibiría una vez más su amor por la mujeres exóticas, casándose con la bailarina polinesia Tarita, su interés romántico en el film.

Das Boot (1981): Estrenada en Argentina inexplicablemente con el título de "El barco" - a pesar de que transcurre en su totalidad dentro de un submarino – esta producción alemana es uno de los títulos imprescindibles de la historia del cine bélico. Gracias a una reconstrucción meticulosa de un submarino de la Segunda Guerra Mundial, que obligó a usar cámaras especiales para poder filmar en sus pasillos, y a un tenso clima claustrofóbico, el viaje de la tripulación desde el noreste de la Francia ocupada hasta aguas mediterráneas sirve de excusa para un estudio sobre los efectos de la guerra en el temperamento y para una humanización de los soldados alemanes (de hecho la mayoría son bastante indiferentes e incluso críticos con las decisiones de sus superiores nazis). Insólitamente, luego de esta película laureada por su tensión y realismo, el director Wolfgang Petersen llevaría a la pantalla uno de los títulos más clásicos del cine fantástico: "La historia sin fin".

Terror a bordo (1988): Orson Welles se pasó gran parte de sus últimos años tratando de llevar a la pantalla la novela "Dead Calm" de Charles Williams, pero apenas logró completar algunas escenas. Años más tarde el australiano Phillip Noyce logró comprar los derechos del libro y dirigió esta brillante adaptación que supuso el salto a la popularidad para sus compatriotas Nicole Kidman y Sam Neill. Ellos personifican a un matrimonio navegando por el área de la Gran Barrera de Coral que ve su tranquilidad interrumpida cuando un hombre desesperado (Billy Zane, futuro villano de "Titanic") ingresa a su yate. Lo que sigue es un thriller estupendo, en el que la ambigüedad reina gracias a un guión inteligente con varios giros inesperados.

All-Is-Lost

All Is Lost (2014): El veterano Robert Redford es el único actor en este film minimalista y apasionante. Un hombre mayor se despierta un día en alta mar solo para darse cuenta que, debido a un importante agujero, el agua está entrando en la nave. A partir de allí la lucha solitaria del personaje para cambiar su circunstancia, que incluye la pérdida de equipo fundamental, la escasez de víveres y la aparición de tormentas tropicales, se transforma en un tour de force casi metafísico. Todo se agravará cuando el barco se dé vuelta, obligando al hombre sin nombre a abandonarlo en un pequeño bote salvavidas. Montado en él deberá agudizar su ingenio para conseguir agua bebible y enviar señales de auxilio. Todo ocurre casi sin decir una palabra, en una demostración de cómo
se puede sostener el suspenso con una puesta en escena inteligente y una actuación sólida.

Sarmasik (2015): Un grupo de marineros turcos se entera que la empresa que comandaba su barco entra en bancarrota, por lo que deben quedar esperando frente a las costas de Egipto cuál será su destino. La tripulación consiste en una serie de personajes pintorescos, desde un experimentado capitán hasta un par de loosers adictos al cannabis, que cargan con distintos orígenes y pesadillas personales. Mientras se resuelve el problema que los confina la situación comienza a ponerse trensa ¿Una comedia kafkiana surrealista? ¿Un drama filosófico sobre el destino del ser humano y su (in)capacidad para lidiar con las fuerzas que controlan su vida? En toda caso un film de enorme originalidad que utiliza una situación muy particular para hablar del complejo estado del mundo contemporáneo.

Desde grandes espectáculos hasta minúsculas tragedias, el océano es un escenario único que remite a inestabilidad y aventura. No es extraño que el verbo 'navegar' siga utilizándose cada vez que nos internamos en ese mar desconocido que hoy conocemos como internet, donde todo puede pasar. Como en los films aquí mencionados, lo único que nos hermana en ese viaje es tratar de no naufragar. Un miedo que iguala a navegantes del siglo XIX y millennials contemporáneos.

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