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Nuevas tierras, nuevas vidas

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El tema de la inmigración siempre está en el candelero. La llamada 'crisis de los refugiados' reavivó en Europa el debate sobre hasta qué punto las naciones deben abrir sus fronteras cuando importantes muchedumbres se ven forzadas a abandonar su país debido a conflictos económico-políticos. Por otro lado las políticas reaccionarias de la actual administración de EE.UU., que incluye un muro a lo largo del límite con México, muestran el rechazo que la idea de la mezcla cultural despierta en las personas más conservadoras.

No sería descabellado afirmar que la historia de la Humanidad consiste en una larga sucesión de éxodos. Se trata de un proceso que existe desde siempre, con individuos, familias y pueblos enteros que debieron viajar y rehacer su vida en un contexto totalmente nuevo. El cine retrató esos procesos de distintas maneras: a veces narrando el esfuerzo de los protagonistas por llevar adelante sus sueños y otras tantas centrándose en como la imposibilidad de adaptarse conduce a muchos al vicio y la criminalidad. Un ejemplo temprano es "El inmigrante" (1917) de Charles Chaplin, uno de los primeros cortos del legendario cineasta que contenía una abierta carga política.

En los siguientes títulos, que responden a distintos orígenes y estéticas, repasamos cómo el Séptimo Arte retrató el fenómeno migratorio. Todas ellas nos recuerdan que, si repasamos nuestro árbol familiar, seguro descubriremos a personas que pasaron por el terrible proceso de dejar su pueblo y buscar un lugar en una cultura nueva que no siempre los trató con amabilidad.

América, América (1963): Nacido en Grecia, llegado a New York como parte de una familia empobrecida y finalmente triunfador en Hollywood, Elia Kazan sintió la necesidad de homenajear a los inmigrantes que lograron vivir el American Dream a pesar de todas las adversidades. El joven protagonista vaga por los pueblos miserables de Turquía movido por la obsesión de viajar al Nuevo Mundo. Esta épica de tres horas del polémico director (famoso por su papel de delator durante los años de la Caza de Brujas en los 50') no ha perdido su fuerza a pesar de los años.

La angustia que corroe el alma (1974): También conocida como "Todos nos llamamos Alí", narra la historia de dos almas solitarias en el Berlín de los 70'. Emmi es una mujer sesentona que, a partir de un encuentro casual en un bar, inicia una relación con Alí, un inmigrante marroquí mucho más joven. "No hay que tener miedo, porque el miedo se come al alma" le dice él a la insegura señora en uno de sus primeros encuentros. Aunque el amor que sienten es sincero, las reacciones negativas por parte de quienes los rodean terminarán afectándolos. Una historia muchas veces tremenda, pero una buena puerta de entrada al universo árido del alemán Rainer Werner Fassbinder.

Scarface (1982): Aunque un texto al final del filme aclara que la historia "solo retrata las acciones de algunos pocos representantes de la comunidad cubana" fueron muchos los hispanos residentes en Estados Unidos que se sintieron ofendidos por este clásico de Brian De Palma. Pero el ascenso y caída de Tony Montana (una de las actuaciones icónicas de Al Pacino) sirve también para desnudar el espejismo del American Way of Life, cuya promesa de prosperidad se sostiene gracias a los sueños rotos de quienes son excluidos de él. Una obra maestra estilizada y violenta, con un inolvidable score electrónico del gran Giorgio Moroder.

Tiempo de gitanos (1989): El filme que puso a Emir Kusturica en el mapa es una historia llena de energía, aunque de a ratos deja entrever las tensiones raciales que empuejarán a los Balcanes a la guerra un par de años más tarde. Perham es un adolescente con poderes telekinéticos que vive en el sur de Yugoslavia junto a su hermana Danira, su abuela protectora y su tío apostador. Un día entra en contacto con Ahmed, "el rey de los gitanos", quien promete ayudarlo a curar la enfermedad de su hermana si lo acompaña en un viaje. Todo terminará en una espiral que los llevará a los bajos fondos de Milán, de donde solo podrán salir apelando a la astucia y a la magia. Con varias escenas visualmente brillantes y la siempre contagiosa música de Goran Bregovic, se trata de un notable retrato sobre este pueblo nómade por excelencia.

Cautivos del amor (1999): Dos exiliados se encuentran en Roma. El músico inglés Jason Kinsky y la refugiada africana Shandurai (Thandy Newton, de exótica belleza) no tienen nada en común, aunque el primero no parece darse por aludido, buscando conquistar a la muchacha de todas las maneras posibles. Ella se encuentra más preocupada por sacar a su esposo de la cárcel, donde está encerrado por motivos políticos. Bertolucci presenta una contracara luminosa de su clásico "El último tango en París", con personajes que ahora se alejan de la sordidez para demostrar en qué debería consistir el amor cuando se deja al egoísmo aparte.

Bolivia (2001): Con el estilo neorrealista de esta historia Adrián Ismael Caetano demostró su talento para narrar en imágenes. Freddy Flores – actor no profesional – interpreta a un ciudadano boliviano que llega a Buenos Aires tras perder su trabajo en su país natal, donde siguen viviendo su esposa e hija. Encuentra rápidamente trabajo en un café de Villa Crespo, donde el dueño se aprovecha de los indocumentados para conseguir mano de obra barata. La xenofobia y la soledad marcan la vida de Freddy, dueño de un carácter humilde y servicial que lo llevará hacia un desenlace inesperado. Una producción modesta que, sin embargo, refleja como pocas la realidad argentina del año 2001. Y la actual también.

Havre

Le Havre (2011): El muy personal tono narrativo del finlandés Aki Kaurismaki – a mitad de camino entre el nihilismo y la ironía humanista – no se ve trastocado al acceder a presupuestos y elencos más importantes. Esta película fue su punto de partida para una trilogía centrada en los ilegales que arriban a Europa, contando como un veterano escritor devenido en limpiador de zapatos oculta a un niño africano de las autoridades de inmigración en el norte de Francia. De manera casi milagrosa, en un continente que cada vez se vuelve más hostil con los extranjeros, la historia ofrece una pequeña esperanza albergada en la solidaridad silenciosa de los excéntricos obreros del sistema. Ideal para ver antes de la reciente "El otro lado de la esperanza", segunda entrega de esta saga.

Brooklyn (2015): La diáspora irlandesa, masiva durante el siglo XIX debido al bloqueo que Inglaterra le impuso a Irlanda, tuvo en "Un horizonte lejano" (1992), con Tom Cruise y Nicole Kidman, su manifestación cinematográfica más famosa. "Brooklin" se aleja del tono épico de aquella película y se centra en las consecuencias personales que tiene comenzar de cero en otro territorio. La joven Ellis abandona County Wexford con el apoyo de un sacerdote que le gestiona hospedaje y trabajo en el barrio neoyorquino que le da nombre al film. La tímida muchacha lucha contra su inseguridad para ganarse un lugar en una cultura que le es desconocida, pero el aprendizaje dará sus frutos. Sin embargo hechos inesperados desencadenan el retorno forzado a la tierra natal, poniendo a la protagonista en un dilema tanto romántico como cultural. Un melodrama sobrio realzado por las actuaciones de Saoirse Ronan, Domhnan Gleeson y Emory Cohen.

Somos el resultado de comunidades que debieron ponerse en movimiento para sobrevivir y empezar desde cero en una tierra extraña. Viajar, mudarse y migrar son formas de evitar el anquilosamiento, aún cuando el viaje sea a veces no deseado. Por ello el nómade debe aferrase a la idea de que sus carencias son solo un estado pasajero, mientras espera que lleguen tiempos mejores. Como dice la letra de "The Inmigrant Song" de Led Zeppelin: "Por eso ahora mejor detente y reconstruye todas tus ruinas / Para que la paz y la confianza puedan ganar el día a pesar de todas tus pérdidas". Que así sea.

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