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Legado y orgullo africanos

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"A los blancos hizo Dios, a los mulatos San Pedro, y a los negros los hizo el diablo para tizón del infierno" dice un famoso verso del Martín Fierro que ejemplifica como eran vistos los habitantes de raza negra en Argentina en el siglo XIX. Muchos afirman que de esta manera José Hernández, un hombre ilustrado de buena familia, buscaba mostrar lo fuerte que seguían los prejuicios aún después de la abolición de la esclavitud. Otros hacen lecturas más incómodas. Sin embargo la herencia cultural africana está presente en nuestra vida cotidiana de mil maneras.

La vocación europeísta de historiadores y políticos argentinos siempre ninguneó a los habitantes provenientes de África y sus descendientes, aunque en el Buenos Aires de 1810 un tercio de la población era negra. Los esclavos eran traídos de Angola, Guinea y el Congo en barcos principalmente portugueses y llegaron a constituir una parte importante de la identidad local. Incluso San Martín reconocerá la valentía de los batallones de piel oscura que lucharon en las guerras por la independencia ¿Qué es lo que hizo que toda esa población fuera desapareciendo? ¿Por qué en Uruguay y Brasil su presencia es visible y en Argentina, a pesar de tener una historia muy similar, no ocurre lo mismo? Las razones son variadas y complejas.

Luego de la abolición definitiva de la esclavitud en 1853 la comunidad de color argentina siguió padeciendo distintas formas de discriminación, lo que provocó la aparición del movimiento Democracia Negra liderado por el intelectual Lucas Fernández. Este postulaba ideales socialistas varios años antes que Marx, Engels y Bakunin fundaran la Primera Internacional de los Trabajadores en Londres. Desgraciadamente hacia 1871 una gravísima epidemia de Fiebre Amarilla asoló Buenos Aires y la población negra fue la más afectada al no poder abandonar los barrios pobres del sur de la ciudad, mientras que la mayoría de las personas de origen europeo se mudaban hacia al norte bonaerense. Esto aceleró un proceso que ya había empezado durante la década anterior, cuando el enrolamiento masivo de soldados morenos para la Guerra de la Triple Alianza causó un fuerte diezmo en la colectividad afro. Luego el mestizaje con otros grupos étnicos hizo lo suyo para que los rasgos raciales fueran difuminándose. Hay que señalar que si bien en el interior la población negra no era tan numerosa, las capitales provinciales también albergaron pequeñas comunidades de ese origen.

El sociólogo Gino Germani sostiene además que el estado argentina buscó "blanquear" al país, no solo favoreciendo la inmigración europea, si no también cambiando las categorías demográficas. A mediados del siglo XIX se dejaron de usar los términos negro, moreno y de color en los relevamientos poblacionales, optando por el ambiguo "trigueño", que fue una forma de negar la africanidad argentina. De todas maneras las personas oriundas de ese rico continente siguieron llegando a nuestro país. A los descendientes de los esclavos de la época colonial se les sumaron las olas migratorias de la primera mitad del siglo XX, venidas en especial desde Cabo Verde, y la diáspora senegalesa de los últimos 20 años. Recién el censo nacional del año 2010 volvió a incluir la variable referida al origen étnico, arrojando el dato elocuente de que en más de 62.000 hogares argentinos hay al menos una persona que se reconoce como afrodescendiente, algo que en los últimos años ocasionó un proceso de revalorización de esa herencia.

Como parte de este reconocimiento al libro pionero "Cosas de negros" de Vicente Rossi, publicado originalmente en 1926, se le agregaron numerosas publicaciones esclarecedoras sobre el tema. Entre las décadas del 50' y 60' fueron importantes las investigaciones de africanistas locales como José Luis Lanuza. Pero sin duda el libro más influyente sobre el tema es "Afroargentinos en Buenos Aires" de George Reid Anderson, traducido en 1989 al español. El volumen sentó precedente para títulos como "Buenos Aires negra" de Daniel Schávelzon y el ensayo fotográfico "A los negros argentinos ¡Salud!" de Ángela Correa, ambos esenciales para cualquiera que quiera interiorizase en el tema. Más allá de estos libroos centrados en lo histórico, hay dos rubros que generaron varios textos centrados en la gran herencia africana que contienen: la lengua y la música.

Una notable cantidad de palabras que utilizamos a diario tienen raíces afro, muchas veces con el sentido ligeramente cambiado. El término mina, tan popular para referirse a una mujer de una manera genérica, proviene del dialecto angolés kimbundu, donde lejos de cualquier connotación despectiva significa "mujer amada". Otro ejemplo es mandinga, de uso corriente a la hora de referirse al diablo, un término que proviene del África occidental y quiere decir "selva". Algunas palabras no variaron tanto su sentido y son polémicas, como ocurre con mucama, que significa esclava. Otros vocablos africanos comunes son quilombo, bochinche, ganga y chongo.

Gardel y negros

Es sabido que uno de los aportes más importantes de la cultura negra en América se encuentra en la música. Desde el blues hasta el mambo - pasando por el hip-hop - se desarrollaron dentro de las comunidades afroamericanas. Esto también ocurrió en el Río de la Plata. "Tango" es una palabra que evolucionó desde tangú, término del dialecto ibibio de la zona de Níger-Congo. Literalmente significa "lugar circular cerrado" y se usaba en la América del siglo XIX para designar a los sitios donde los esclavos y sus descendientes se reunían a bailar. De hecho el tango rítmicamente tiene una fuerte base africana, que se ha ido mezclando con melodías y armonías europeas. Ese patrón rítmico es aún más marcado en la milonga y el candombe, otras dos palabras nacidas en Angola. Es importante también citar que Carlos Gardel, durante muchos años, estuvo acompañado los guitarristas negros Guillermo Barbieri y José Ricardo (ver foto). 

Son varios los nombres ilustres con sangre africana en sus venas. Desde el soldado Falucho, fusilado en 1824 por negarse a rendir honores a la bandera realista, hasta el extraordinario guitarrista de jazz Oscar Alemán, los afrodescendientes dejaron su marca en muchos ámbitos de la cultura local. El legendario pianista Horacio Salgán, el cómico Alfredo Barbieri (hijo de Guillermo y padre de la vedette Carmen), la escritora Griselda Gambaro, el arquero Héctor "Chocolate" Baley (inmortalizado por Los Piojos en "El Balneario de los Doctores Crotos") y Fidel Nadal - ex Todos tus Muertos - son otros destacados.

En una escena del film "Malcom X" de Spike Lee el protagonista se sorprende al ver las connotaciones negativas que tiene la palabra "negro" en el diccionario. "Esto debe haber sido escrito por un blanco" reflexiona sorprendido. Ese razonamiento puede aplicarse a la historia oficial argentina, que durante décadas se encargó de invisibilizar el aporte africano a nuestra identidad. Sin embargo está presente en nuestra lengua, nuestra música y costumbres. Es hora de sentirse orgullosos de ello.

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