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Las puertitas del señor Lynch

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Son varias las series que concluyeron sus últimas temporadas en estos meses. Los fanáticos de "Games of Thrones", "Mr. Robot" y "Westworld" – entre otros éxitos – no dejan de manifestar su impaciencia en las redes. En el medio del torbellino mediático pocos hicieron mención a la serie más original del año, que también es la más vieja en pantalla pues su primera temporada se emitió en 1990. Hablamos de "Twin Peaks", el inclasificable policial surrealista que retornó con una tercera temporada que sorprendió a su público fiel. Detrás de su extraño universo se encuentra David Lynch, uno de los realizadores más personales en actividad.

A pesar de pertenecer a la misma generación que Steven Spielberg y sus imitadores, este director nacido en Montana en 1946 poco tiene que ver con las sagas estelares y las aventuras fantásticas típicas del Hollywood de los 80'. Compartiendo con sus colegas la mirada exploradora sobre el cine clásico, se diferencia porque no realiza un reciclaje pop a la manera de George Lucas o Quentin Tarantino, si no que busca el costado alucinante de las imágenes. El séptimo arte no es un lugar para contar historias, si no una cantera llena de pesadillas para este hombre de particular peinado.

Existen varios lugares comunes a la hora de definir el estilo de David Lynch: surrealista, violento, experimental, poco amante de la linealidad narrativa y - sobre todo - onírico. Teniendo en cuenta que la comparación entre los sueños y el cine es una vieja obsesión de los críticos, su obra ha sido foco constante de ensayos al respecto, aunque él siempre se mostró reacio a todas las interpretaciones. Cuando en 1979 una estudiante le preguntó si estaba de acuerdo con quienes decían que "Eraserhead", su primer largometraje, era "un sueño sobre cosas oscuras y problemáticas" la respuesta fue contundente: "No. Ni siquiera estoy seguro de saber lo que eso significa", aunque concluyó que "Es una buena afirmación esa igual ¿No le parece?".

Una década antes de esa entrevista el joven David era un estudiante de pintura desilusionado con las academias de arte a las que había asistido. Luego de que un fallido viaje por Europa y de ser padre de Jeniffer, su primera hija, se interesó definitivamente por el cine. De todas formas nunca abandonó su primera pasión y continuó pintando con regularidad. Numerosas veces reconoció su admiración por artistas como Francis Bacon, Oskar Kokoschka y Edward Hooper, cuyas estéticas dejaron una notable influencia en su obra como cineasta.

Sin embargo, a pesar de esos comienzos dentro de la disciplina de combinar colores, sus primeras películas fueron rodadas en blanco y negro. Si en "Eraserhead" (1977) rescató el espíritu experimental del cine mudo con paisajes urbanos desolados de atmósfera de cuento de terror, para "El hombre elefante" (1980) viajó a la Inglaterra victoriana contando el calvario de uno de los freaks más célebres de la historia: Joseph Merrick. El hecho de estar basada en una historia real y de poseer un tono más tradicional no asfixió su poética personal, mostrando ahora una faceta humana muy conmovedora. De pronto este realizador de espíritu gótico y grotesco se transformó en una de las grandes promesas del cine de la época, con un estilo muy distinto al de sus contemporáneos. Esto último también explica el fracaso de "Dune" (1984), su creación más despareja en la que intentó acercarse a la ciencia ficción con poca fortuna.

Luego de este enorme traspié Lynch exigió mayor libertad, encontrado su estilo definitivo. En "Terciopelo azul" (1986) profundiza su mirada sobre ciertos géneros clásicos – particularmente el cine negro y el melodrama – deformándolos de manera novedosa, con la fundamental colaboración del músico Angelo Badalamenti, con quien trabajaría durante el resto de su carrera. En esta película también aparece su fascinación por lo que ciertos estudios culturales llaman "small town Americana". El cineasta parece sentirse cómodo retratando la vida extraña de los pequeños pueblos de la Norteamérica profunda, con su conservadurismo, sus ocultamientos y su amor por los interiores decorados con dudoso gusto. En el film la curiosidad lleva a Jeffrey (interpretado por Kyle MacLachlan, futuro protagonista de "Twin Peaks") a investigar el misterio detrás de una oreja tirada en un descampado. A partir de allí descubrirá la oscuridad latente bajo la superficie de la realidad pueblerina, con Dennis Hopper dándole vida al perverso Frank, uno de los personajes más atemorizantes de la historia del cine.

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En ese universo el realizador les permite a sus actores desempeñarse de un modo poco realista, con un registro cercano al de las telenovelas diarias y a la comedia absurda. Quizás esto es lo que lo hace aprovechar el muchas veces cuestionado estilo over the top de Nicolas Cage en "Corazón salvaje" (1990). Es una táctica que será llevada al límite en "Twin Peaks", la miniserie que marcó un hito en la ficción televisiva ese mismo año. Una vez más hay un misterio que resolver - el asesinato de Laura Palmer – y nuevamente todo se enrarecerá hasta extremos impensados. A medida que los capítulos se suceden los elementos sobrenaturales aumentan, mientras la galería de personajes excéntricos no deja de crecer. Una excentricidad que incluso es compartida por el tozudo anciano de "Una hora sencilla" (1999), su película más normal y luminosa.

Para este cineasta interesado en la naturaleza ambigua del cine y en el poder perverso de la industria que lo sostiene decidió filmar la ciudad donde la"fábrica de sueños" funciona de una manera poco convencional. "Lost Highway" (1997), "Mulholland Drive" (2001) e "Imperio" (2006) conforman una particular trilogía sobre Los Ángeles y el negocio del cine, actividad mostrada como algo casi criminal. En los tres films los protagonistas sufren dramáticas metamorfosis (en el caso del primero es literal, Bill Pullman muta en otra persona para resolver la intriga) y en todos ellos hacer películas es un asunto turbio lleno de mentiras y gangsters. Del conjunto muchos consideran "Mulholland Drive" como la historia más redonda del realizador, con Naomi Watts perdiendo su inocencia al perseguir el sueño de triunfar en Hollywood. Y si esta película ya desconcertaba al espectador con sus giros absurdos y su atmósfera pesada, "Inland Empire" directamente desafió la paciencia de todos, incluidos los fanáticos más acérrimos de Lynch, quienes terminaron con una mirada más perpleja que la de Laura Dern a lo largo de la historia.

Aunque hace 10 años que no estrena un largometraje, el hombre que alguna vez fue un argulloso boy scout se mantiene muy activo. A su pasión por la pintura y la fotografía se le suman sus discos de música ambient, sus ficciones en la web (como la sitcom metafísica "Rabbits"), las charlas sobre la importancia de la meditación trascendental y su carrera paralela como realizador de videoclips y publicidades. Ahora que el detective Dale Cooper volvió a visitar las extrañas calles de Twin Peaks el interés por la obra de David Lynch vuelve a crecer. Él afirma trabajar en su autobiografía definitiva para contrapesar "toda la porquería que se dice sobre mí ahí afuera". Habrá que esperar su publicación para enterarse pormenores de su amistad con íconos musicales como Trent Reznor, David Bowie y Eddie Vedder. Con esas amistades da gusto adentrarse en estas pesadillas tan oscuras como fascinantes.

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